En 1561 don Alonso, un indígena procedente de Ibagué, lideró
una rebelión de los indígenas de Amani. Estos indígenas trabajaban para los españoles
sacando oro de las minas ubicadas en los alrededores de Victoria, poblado situado sobre el
río Magdalena, once leguas abajo de Mariquita. Bajo la dirección de este caudillo, los
indígenas dieron muerte a los encomenderos instalados en las minas de oro y luego
convocaron a otros pobladores indígenas de la región para unirse en contra de los
invasores. En desarrollo de estas actividades se dirigieron a la población conocida como
Amaniel de Afuera, que había sido encomendada a Hernando Quesada. Allí hicieron una gran
reunión, calificada por Aguado de borrachera, en la que buscaron definir su posición
frente a los españoles, ya que el cacique del poblado, al igual que otros indígenas
sujetos a él, no deseaban unirse a la rebelión.
Con la asistencia de toda la comunidad, la reunión se efectuó
en la casa del cacique y en ella se bailó, cantó y tomó chicha. En los cánticos los
indios narraron los trabajos y la opresión a que los tenían sometidos los españoles
yrecordaron las muertes de sus padres, hermanos, amigos y parientes durante la conquista.
También hicieron memoria delos hijos e hijas que les habían sido tomados por los
españoles y de su trabajo en las minas y en otros servicios. Transmitieron la ira de sus
dioses por haber obedecido a los españoles, quienes los habían despojado de sus
santuarios,al tiempo que indicaron que para recuperar su protección era necesario
expulsar a los invasores y retornar a la libertad que tenían antes.
La celebración, que constituye una muestra de los mecanismos
desarrollados por los indígenas para tomar decisiones que afectaran a la comunidad, fue
interrumpida por la llegada de Hernando Quesada y otros quince españoles. Muchos
indígenas huyeron, mientras que otros resultaron muertos y heridos. El cacique de Amaniel
se interpuso entre indios y españoles, gritando palabras de paz en su idioma: on guerre,
on guerre, toa, toa. Conjurado el enfrentamiento, dialogaron el cacique y Quesada, luego
de lo cual el cacique buscó a don Alonso pare convencerlo de deponer las armas y evitar
un mayor derramamiento de sangre. Continuó entonces la reunión indígena, sin que se
llegara a un acuerdo. Quesada pidió al cacique de Amaniel que expulsara a don Alonso,
pero éste le indicó que no le era posible, puesto que la reunión debía prolongarse por
tres días, luego de lo cual el dirigente rebelde se iría junto con los indígenas que le
seguían. Los hechos posteriores se desarrollaron conforme a lo previsto por el cacique.
Sus indígenas continuaron prestando servicios a Quesada, mientras don Alonso seguía
convocando a los caciques para luchar por el retorno del orden regido por sus dioses. Esta
diferencia de posiciones en cuanto a la actitud que los indígenas debían adoptar frente
a los españoles, fue una situación muy común en los primeros años del dominio
colonial.