Fue sobrino de Quemuenchatocha y asumió el zacazgo cuando su tío fue levado a
Suesca como prisionero. El nuevo zaque no se mostró belicoso frente a los españoles, e
incluso se convirtió al catolicismo. Sin embargo, las continuas y numerosas exigencias
que hacían los españoles a los indígenas generaron una gran inconformidad, razón por
la cual varios señores muiscas trataron de revelarse. La conspiración fue descubierta y
Hernán Pérez de Quesada, en un acto público que tuvo lugar en Tunja, apresó a
Aquiminzaque y a otros señores principales y los hizo decapitar. Su muerte marcó el fin
de la disnastía de los zaques tunjanos.