Con la orden de fundar un asentamiento de españoles en la
provincia de Timaná, Pedro de Añasco logró establecer relaciones amistosas con los
pueblos de paeces y yalcones circunvecinos, hacia 1538. Sin embargo, este conquistador
modificó radicalmente su actitud, cuando retornó a la región acompañado de más
españoles para establecer definitivamente la población proyectada. La nueva actitud de
Añasco causó rechazo entre los indígenas, quienes empezaron a hacer demostraciones de
rebeldía frente a sus exigencias.
Una de ellas salió a relucir cuando ordenó
presentarse al hijo de una señora viuda, obedecida por gran número de vasallos y
emparentada con los más principales de ellos, que fue conocida con el nombre de Gaitana.
El joven no se presentó con la celeridad que Añasco deseaba, por lo cual lo hizo prender
y quemar vivo en presencia de su madre, cuyos ruegos no fueron escuchados. La cacica,
impotente ante la muerte de su hijo, buscó el apoyo de los dirigentes paeces, piramas,
guanacas y yalcones para tomar venganza del español. Más de seis mil yalcones y otros
tantos guerreros de los demás cacicazgos atacaron a los españoles y tomaron preso a
Añasco.
Entonces, la Gaitana ejecutó en él los tormentos ideados por una madre que
nunca pudo perdonar a quien hiciera morir a su hijo abrasado por las llamas. Le sacó los
ojos y le perforó debajo de la lengua para pasarle una soga, de donde lo llevaba tirado
de pueblo en pueblo y de mercado en mercado, mostrándolo a todos y haciendo grandes
fiestas para celebrar la victoria. Cuando Añasco ya estaba con el rostro hinchado y
desencajado a fuerza de tirones y era previsible su próxima muerte, le empezaron a
cortar, de tiempo en tiempo, sus extremidades. Al morir, su cabeza fue cortada para hacer
vasos para beber y su cuerpo desollado y rellenado de cenizas para exhibirlo como trofeo.
Su carne fue utilizada para celebrar una gran fiesta a la que asistieron los dirigentes
aliados de la Gaitana. Allí hombres y mujeres ntonaron cantos en los que relataban los
hechos. Podemos imaginar que en ellos se narraron las infamias de los españoles y la
forma como los indígenas, unidos contra el invasor, habían vencido a Añasco y a sus
hombres.