Era el malebú o señor principal de los malebúes, pobladores de
los alrededores del río Magdalena, cerca a Tamalameque. Macalamama ejercía su control
sobre diferentes pueblos, los cuales a su vez podían contar, cada uno, con dos o tres
caciques. Todos los pueblos sujetos al malebú le tributaban, haciéndole rozas o cultivos
de maíz y yuca. Con parte de estos productos se preparaban grandes cantidades de macu de
maíz o de yuca, llamada por los españoles chicha, que era consumida en las entai o
fiestas realizadas durante los doce o quince días que duraban los trabajos.
También como tributo le daban hilo de algodón y hamacas, y
organizaban correrías en las que participaban todos los indios. Durante éstas se pescaba
y se recogían frutos de la sierra. Cuando regresaban para entregarlos al malebú, tenía
lugar una gran fiesta, presidida por éste y los demás jefes. En ella se escuchaba la
música de tambores, flautas y sonajeros. Todos asistían con sus mejores galas, adornados
sus cuerpos con bija, una tintura roja con la cual se hacían variados dibujos que
representaban su jerarquía o su valor en la guerra algunos con plumas de aves en la
cabeza, a manera de sombreros, y los principales y señores cubiertos de joyas de oro.
A la llegada de los españoles, Macalamama estableció relaciones
de paz y amistad con ellos y los proveyó de alimentos. Los indios llamaron malebú al
jefe de las tropas españolas, y guataca a los demás, nombre que significaba diablo,
porque decían que el diablo también era español y que, como le temían, le ayunaban y
le hacían fiestas para que no les hiciese daño.