Los muiscas habitaron el altiplano que abarca parte de los
actuales departamentos de Boyacá, Cundinamarca y Santander. A la llegada de los
españoles, en 1537, el territorio estaba dividido en dos grandes unidades políticas: el
zipazgo y el zacazgo, que tenían bajo su control a varios señoríos de importancia, como
por ejemplo Guatavita, sujeto al zipa, y Turmequé, al zaque. Había además algunos
territorios independientes, entre ellos los poblados situados en la región de Vélez,
cuyas autoridades no estaban subordinadas ni al zipa de Bogotá, ni al zaque de Tunja, y
centros religiosos importantes, como Iraca, que mantenía una posición de gran
autonomía. La información recogida por los cronistas sobre estas poblaciones fue, en
general, mucho más abundante que la conocida sobre otros grupos que habitaban el actual
territorio colombiano. Esto ha permitido saber de la existencia de por lo menos tres
generaciones de gobernantes y, además, obtener algunos detalles sobre héroes míticos
como Bochica. Sin embargo, conviene anotar que los cronistas proporcionaron más
información sobre los zipas que sobre los zaques, posiblemente porque se identificaron
más con las acciones guerreras de los primeros, que con un manejo donde la política y la
conciliación tenían una función más importante, como parece ser el caso de los zaques
tunjanos.
NEMQUETEBA, BOCHICA, ZUHE
En los relatos recogidos por los españoles sobre la historia
de los muiscas antes de la invasión europea, la figura de Bochica también conocido
como Nemqueteba o Zuhéadquirió perfiles míticos. Según algunas versiones, se
trataba sólo de un extranjero que llegó por el camino de los Llanos Orientales, según
otras, se trataba de personas distintas que llegaron en tiempos diferentes. La mujer que
trajo consigo este extranjero también recibió distintos nombres: Chía, Yubecayguaya y
Huytháca. En la narración, mientras que los hombres prestaron grandes beneficios a los
muiscas, las mujeres de éstos habrían hecho lo contrario. Huytháca o Chía hizo que el
río Funza se saliera de cauce e inundara la sabana, obligando a los pobladores a vivir en
las partes más altas hasta la llegada de Bochica. Este formó el salto del Tequendama,
por donde salieron las aguas represadas. Bochica murió en Sogamoso, a donde se había
retirado, y dejó al cacique de aquella provincia como su heredero en la actividad
religiosa.