Al
occidente de Santa María de Antigua del Darién, el cacique Comagre recibió en
paz a Vasco Núñez de Balboa, luego de que éste venció y saqueó al cacique
Ponca, vecino suyo. Panquiaco, el hijo mayor de Comagre, entregó a Balboa
cuatro mil onzas de oro en joyas y piezas labradas. El oro fue fundido y se
sacó el quinto del rey, luego de lo cual se repartió entre los soldados
formándose una riña. Panquiaco intervino y expresó su enojo ante la ceguera y
locura de los españoles, que deshacían joyas bien labradas pare hacer palitos,
y reñían entre amigos por cosa tan vil y poca. Les indicó que si tanto deseo
tenían de oro, como para que se matasen por él, les enseñaría las sierras de
Tumanamá, en el otro mar, donde encontrarían ese metal en abundancia. Balboa
se interesó por el ofrecimiento y en septiembre de I513 partió con Panquiaco,
quien se había hecho bautizar con el nombre de Carlos, 190 españoles y muchos
indígenas. Luego de guerrear contra varios de los señoríos que había en el
camino hacia el otro mar, entre ellos el del cacique Ponca, subieron la cumbre
de una sierra, desde donde divisaron el oceáno que tomaría el nombre de
Pacífico.