Asumió el mando luego de la muerte de su hermano Tisquesusa,
habiendo comandado durante su mandato las tropas del zipazgo. Se mostró tan beligerante
como su antecesor, y sus continuos ataques, si bien no ocasionaron bajas en el ejército
invasor, se constituyeron en un elemento de sobresalto que impedía la total sujeción de
los indígenas.
El cacique de Chía, quien se había aliado con los españoles,
alegó que Sagipa había usurpado el mando, el cual le correspondía a él, de acuerdo con
las leyes de sucesión de los indígenas. Finalmente Sagipa, al verse acorralado por los
españoles, entabló conversaciones de paz con Jiménez de Quesada y luego pidió y
recibió su ayuda en la guerra que sostenían los muiscas contra los panches. La
expedición contra estos últimos tuvo éxito y la ocasión fue aprovechada por los
españoles para pedir a Sagipa el tesoro de Tisquesusa. El dirigente alegó que el zipa lo
había escondido, pero ante la insistencia, convino en entregarlo llenando un bohío con
oro. Al no cumplir con su promesa, fue encadenado y se entabló un proceso formal en su
contra. Sagipa fue sentenciado y sometido a varias torturas, a consecuencia de las cuales
murió en los primeros meses de 1539. Fue el último zipa de Bogotá.