Este mandatario era sobrino de Nemequene, a quien sucedió en
el zipazgo. Había sido cacique de Chía y dirigió los enfrentamientos del zipa con los
panches, al comienzo del gobierno de su antecesor. Estuvo a cargo del gobierno mientras el
zipa dirigió la guerra contra el zaque Quemuenchatocha, en la cual murió. Al igual que
su tío, mantuvo como general de su ejército a su hermano Saquezazipa, quien continuó
las agresiones contra Tunja, mientras se llevaban a cabo las ceremonias de sucesión en el
zipazgo. Concluidas éstas, el zipa Tisquesusa, con acuerdo de los uzaques, decidió
continuar la guerra contra el zaque, luego de que sus guerreros, al mando de Saquezazipa,
sometieron al Ubaque, que se había rebelado. El zipa y su hermano se dirigieron con más
de cuarenta mil hombres contra el zaque Quemuenchatocha, quien, aunque también contaba
con un poderoso ejército, se hallaba debilitado por las guerras pasadas. En esta
oportunidad, el zaque no recibió el apoyo del iraca Sugamuxi, quien decidió trabajar en
favor de la paz, interponiéndose entre los dos ejércitos. Su mediación logró una
tregua que estaba por finalizar a la llegada de los españoles al altiplano.
Popón, un famoso mohán del pueblo de Ubaque, le había
pronosticado al zipa que moriría "nadando en su propia sangre", que le habrían
de sacar unos extranjeros que vendrían a su reino. Este presagio le hizo mirar con temor
la proximidad de los españo1es y evitar su contacto. Cuando se enteró del avance
español por su territorio, envió espías a Suesca, para que le informasen sobre los
extranjeros, sus armas, prevenciones de guerra, número de soldados y con cuántos podría
expulsarlos de su tierra. Mientras los espías estaban en Suesca, tuvo lugar la muerte de
un caballo, lo que les permitió darse cuenta de que caballo y caballero no formaban una
unidad, como hasta el momento habían creído. Con base en la información de los espías,
Tisquesusa abandonó su corte de Bogotá, y en sus andas de oro se dirigió a Nemocón.
Esto motivó que los españoles fueran hacia ese poblado. Durante el viaje, la retagurdia
de Gonzalo Jiménez de Quesada fue atacada por seiscientos guerreros de Bogotá, que
fueron repelidos.
Los informes obtenidos por el zipa sobre la capacidad militar
de los españoles y, en especial, sobre los desconocidos "truenos" de los
arcabuces, le indujeron a retirarse a su casa fuerte de Cajicá, donde dijo a sus
guerreros: "No hay resistencia, ni le hallo poder contra estos hijos del Sol, porque
como cosa del cielo tienen truenos y disparan rayos. Esta mi casa fuerte, aunque llena de
armas, no es suficiente defensa para gente tan poderosa.
Y sin detenerse, volvió con toda prisa a su palacio de
Bogotá". Una vez allí, ordenó la evacuación del poblado, de tal suerte que cuando
los españoles llegaron en su búsqueda, lo encontraron abandonado. Ante la imposibilidad
de encontrar al zipa, los españoles partieron nuevamente hacia el norte, y luego de
someter al zaque retornaron a buscar a Tisquesusa. Este se había retirado a la casa de
monte, en las cercanías de Facatativá. Los españoles, mediante la aplicación de
tormentos o por la delación del subazaque, quien se había ofendido por los castigos a
los que lo sometió el zipa por ayudar a los invasores, lograron establecer el sitio donde
se había ocultado el zipa y lo atacaron de noche. Para escapar de la emboscada,
Tisquesusa salió por un postigo falso y dos soldados españoles, sin saber de quién se
trataba, le dieron una estocada y lo dejaron ir después de quitarle la rica manta que
llevaba. Así, herido, el cacique se fue al monte donde murió, y sólo fue descubierto
después por los indios debido a que vieron sobrevolar a los gallinazos. El secreto de su
muerte se mantuvo durante casi un año.