Enterramiento de un cacique, como lo
describen los cronistas en las tumbas del Zenú. Grabado de Teodoro de Bry. " America
moralis Indae"
Frankfurt, 1602
Betanci
Al sur de Cartagena se extendía el terrritorio de los zenúes, el
cual se dividía en tres señoríos: Finzenú, Panzenú y Zenufana, que dominaban las
hoyas de los ríos Sinú, San Jorge, bajo Cauca y Nechí. Esta división. del territorio
se había originado tiempo atrás, cuando gobernaron durante mucho tiempo tres señores,
de los cuales el más importante era Zenufana. Este señor tenía el control del área
donde se pobló Zaragoza y parte de las riberas del río Cauca, hasta las sabanas de
Aburrá, que eran las tierras más ricas. En el Finzenú, ubicado treinta leguas al sur de
Cartagena, en la hoya del río Sinú, gobernaba su hermana, a quien Zenufana quería que
todos los vasallos le rindieran gran pleitecía. Por este motivo ordenó que los señores
más importantes de los tres señoríos hicieran sus sepulturas en Finzenú, que adquirió
gran importancia como centro ceremonial. Por su parte, Panzenú gobernaba en la hoya del
río San Jorge, cuya área inundable fue adecuada con extensos sistemas de drenaje en los
primeros siglos de nuestra era, los cuales permitían el permanente aprovechamiento de los
suelos para la agricultura, así como la supervivencia de una rica fauna acuática. La
tradición instaurada por estos gobernantes se continuó hasta la llegada de los
españoles, de tal forma que el territorio de Finzenú seguía siendo gobernado por una
mujer, que mantenía una gran preeminencia política y religiosa y en cuyo territorio se
sepultaba a los dirigentes más importantes de los zenúes.
Requerimientos
Entre los
numerosos caciques sujetos a Finzenú, dos de ellos fueron requeridos
por el conquistador Martín Fernández de Enciso en 1509, para que se
sometiesen al rey de Castilla. Les indicó que había un solo Dios, les
habló de los poderes que el Papa tenía y de cómo éste era señor del
universo en lugar de Dios. El Papa, añadió el conquistador, usando sus
poderes, había hecho merced de toda esa tierra al rey de Castilla, por
lo cual se la debían dar. Si aceptaban rendirle obediencia al rey y le
daban en cumplimiento alguna cosa cada año, los protegería y les
haría algunas otras mercedes. Los caciques contestaron que les parecía
bien lo que decían sobre la existencia de un solo Dios que gobernaba el
cielo y la tierra, "...pero en lo que decía que el Papa era señor
de todo el universo en lugar de Dios, y que había hecho merced de
aquella tierra al rey de Castilla, dijeron que el Papa debiera estar
borracho cuando lo hizo, pues daba lo que no era suyo, y que el rey que
pedía y tomaba tal merced debía ser algún loco, pues pedía lo que
era de otros, y que fuese allá a tomarla, que ellos le pondrían la
cabeza en un palo, como tenían otras[...] de enemigos suyos".
La Señora Toto
Esta señora ejercía su control sobre el Finzenú, cuando
Pedro de Heredia ingresó a su territorio, alrededor de 1535. Para esta época había muy
pocos moradores en el poblado en el que residía la señora Toto, aunque por las ruinas y
vestigios que allí había parecía haber tenido muchos habitantes. Al ser interrogados
sobre la destrucción del pueblo, los indígenas les informaron que años atrás habían
sido atacados por gran número de españoles, a los que dieron muerte, teniendo ellos
también muchas bajas. Después, habían sobrevenido grandes enfermedades que habían
reducido drásticamente la población.
Yapel
Después de realizar varios intentos para ingresar al
territorio de Panzenú donde gobernaba el señor Yapel, alrededor de 1535, Alonso de
Heredia logró llegar y saquear un poblado de su territorio. Sus habitantes dieron aviso
al señor Yapel, quien rápidamente reunió a dos mil guerreros que hicieron frente a los
españoles, pero fueron derrotados. El dirigente, considerando la derrota de sus
guerreros, dio orden de evacuar el poblado donde residía. Cuando los españoles llegaron
allí, encontraron, al igual que en Finzenú, que las calles, plazas y casas estaban muy
bien trazadas y limpias. También había huertas muy bien cultivadas y llenas de frutales
y extensas labranzas. Las tropas de Heredia, luego de saquear el lugar, se dirigieron a
otros pueblos tributarios de Yapel, que también habían sido desocupados por los
indígenas. Continuaron su camino hacia el oriente, hasta llegar al río Cauca. En una
isla que allí se formaba había un pueblo dividido por barrios y calles, que fue quemado
por sus habitantes cuando los españoles trataban de atravesar el río para llegar a él.
Como resultado de esta estrategia, el hambre empezó a hacer estragos entre los
españoles, quienes tuvieron que regresar sin lograr controlar a Yapel.
Nutibara
Los hijos de Anunaibe: Nutibara y Quinuchu,
goberna ban desde
las sierras del Abibe hasta el Valle de Nori, en la provincia de Guaca (señorío de
Zenufana). Mientras
Nutibara era el señor mayor, su hermano, Quinuchu, actuaba como su
lugarteniente, gobernando a los indios de las montañas que vivían en las sierras de
Abibe y en los valles de los alrededores. Quinuchu proveía a Nutibara de puercos,
pescados, aves y otros frutos que se daban en las sierras y le tributaba mantas y joyas de
oro. En el valle de Guaca había muchas y muy grandes casas de madera, cubiertas de una
paja larga. Todos los campos estaban cultivados y en las riberas de los ríos crecían
palmeras, de cuyos frutos se hacía pan y vino. Los dioses les avisaron sobre la llegada
de los invasores. Por ello, cuando llegó Francisco César los indios lo llevaron al
templo, donde cavaron hasta hallar una bóveda muy bien labrada, que tenía la entrada en
dirección al nacimiento del sol. En ella había muchas ollas llenas de joyas de oro muy
fino. No era la única, aseguraron los indios, adelante había otra casa donde había un
tesoro mayor y en el valle había otras mayores y más ricas. Posiblemente los dioses
indígenas conocían la debilidad de los españoles por el oro y la utilizaron para
distraerlos y dar a sus protegidos la oportunidad de atacarlos en forma exitosa. Más de
veinte mil indios buscaron repeler a los extraños, pero fueron derrotados. El templo fue
quemado y César regresó a Cartagena con gran cantidad de oro.
Como consecuencia de la derrota, los principales y señores de
los valles se reunieron para hacerle sacrificios y ceremonias a Guaca, su dios. Este se
les apareció en la forma de un tigre muy fiero y les anunció que vendrían más
cristianos de la otra parte del mar buscando ocupar y señorear la tierra, por lo cual
debían armarse para enfrentarlos.
Meses después llegó la expedición de Juan Vadillo, y sus
integrantes se sorprendieron de las prácticas caníbales que se utilizaban durante las
guerras. El señor Nutibara y sus capitanes tenían en las puertas de sus casas muchas
cabezas de enemigos, a los que se habían comido en señal de triunfo. Posteriormente, en
1542, otro grupo de españoles, al mando de Jorge Robledo, se sorprendió de que estas
poblaciones, las mejores que había en la comarca, hubieran sufrido tal destrozo al paso
de las tropas de Vadillo. Estaban prácticamente despobladas y todoarboledas,
frutales, asientos de bohíos y fuentes hechas a mano. había sido destruido.