Estadista y escritor costeño
(Cartagena de Indias; septiembre 28 de 1825-septiembre 18 de 1894), cuatro veces
presidente de la República, llamada "El Regenerador" y considerado como uno de
los caudillos civilistas de mayor importancia en la segunda mitad del siglo XIX en
Colombia.Fue el ideólogo del movimiento de la Regeneración, cuyas ideas y acciones se
plasmaron en la Constitución Política de 1886, que estuvo vigente hasta 1991.
En la guerra civil de los Supremos (1840) Núñez,se afilió al bando
revolucionario y tomó parte en el sitio a su ciudad natal, Cartagena, defendida, entre
otros, por su padre, quien apoyaba la causa legitimista. A fines de 1844,
Núñez se gradúa de abogado en la Universidad del Magdalena e Istmo, hoy de Cartagena.
En febrero del 45 es abogado defensor y posteriormente es nombrado juez interino del
segundo circuito de Veraguas, con residencia en David (Panamá). Allí conocerá a Dolores
Gallego, su futura esposa.
El acceso del liberalismo al poder con el general
José Hilario López, elegido por el Congreso en tumultuosa sesión del 7 de marzo de
1849, le abre perspectivas a Núñez. El nuevo gobernador de la provincia de Cartagena es
el popular general José María Obando, recién llegado de un largo e injusto destierro.
Al posesionarse, Obando nombra secretario general a Nuñez, quien en pocos meses era el
principal animador de la Sociedad Democrática de Cartagena y uno de los más densos
colaboradores del periódico La Democracia. Su principal tarea administrativa fue combatir
la feroz epidemia de cólera que asoló a Cartagena y a otras regiones de la Costa. Cuando
renuncia Obando, su sucesor, Pablo de Alcázar, ratifica a Núñez y lo mismo hará el
siguiente gobernador, general Tomás Herrera.
A mediados de 1851, Núñez viaja a Panamá pare contraer matrimonio con
Dolores Gallego, el 13 de junio de 1851, en David. Es elegido poco después representante
a la Cámara por la provincia de Chiriqui. Durante 1852 se desempeña como secretario
general del nuevo gobernador de Cartagena, quien también lo nombró rector del Colegio
Nacional (Universidad) de Cartagena.
El Congreso de 1833 iba a tener trascendencia histórica, pues en él se
iba a aprobar el proyecto, pasado en primera vuelta en 1851, que reformaría la
Constitución centralista de 1843. Núñez renuncia a sus posiciones en Cartagena y
viaja solo a Bogotá. Su debut politico es ruidoso. En sendos artículos combate las
ideas federalistas de Florentino González y las "socialistas" de Manuel
Murillo Toro.
En 1854 sostiene, como vocero de una Cámara liberal, la poco conocida
polémica con Julio Arboleda, presidente de un Senado conservador: Núñez enfrentó con
argumentos jurídicos el brillante alegato politico del ilustre jefe caucano.
También presentó en la Cámara un importante proyecto de ley de reforma monetaria,
otro que declaró franco el puerto de Cartagena y un tercero sobre naturalización de
extranjeros. Todo ello le vale ser elegido presidente de la Cámara, donde predominan los
gólgotas. Se produce entonces el golpe del general José María Melo, que todo el mundo
veía venir, menos el ingenuo presidente Obando. Núñez debió exiliarse en compañía
del designado Tomás Herrera y del vicepresidente Obaldía en la Legación de Estados
Unidos. Derrotado Melo por una amplia coalición nacional (en la cual Núñez
tuvo decisiva actuación al deponer al gobernador melista de Cartagena, Juan José Nieto,
y asumir él mismo las riendas de esa gobernación), es elegido vicepresidente el
conservador Manuel María Mallarino, quien, por haber finalizado el periodo de Obaldía,
se posesiona de la Presidencia el 1o. de abril de 1855 nombra un gabinete nacional, del
cual es ministro (secretario) de Guerra Rafael Núñez, cuya labor allí es tan
interesante que pasaría poco después a ocupar el de Hacienda, donde realizó una tarea
de verdadero estadista saneando las finanzas nacionales. Fue esta actuación
la que, casi veinte años después, induciría a algunos copartidarios a lanzar su
candidatura presidencial en 1875.
Núñez asistió durante algunas semanas a la Convención de Rionegro
(hasta fines de febrero de 1863) como representante del Estado de Panamá, y aprovechó el
hecho de que su credencial se había puesto en tela de juicio por un cambio de gobierno en
ese Estado pare renunciar y trasladarse a Nueva York, a mediados de 1863, en donde vivió
dos años con Gregoria de Haro, mientras colaboraba en el periódico español El
Continental y en publicaciones como La opinión, de Bogotá, y El Nacional, de Lima.
Sorpresivamente, en mayo de 1865, Núñez es nombrado por Murillo Toro cónsul en El
Havre, y allí se traslada a fines de junio con la firme decisión de llevar a doña
Gregoria, quien viajó a fines de noviembre de 186S instalándose con Núñez en París, a
sólo cuatro horas de El Havre en tren. A ella le sienta mal el húmedo clima
del invierno francés y decide retornar a Nueva York en febrero o marzo del 66 (doña
Gregoria sólo estuvo en Europa tres o cuatro meses, contra lo que afirman algunos
historiadores, y nunca más volvió a ver a Núñez. Aquel amor fogoso se fue
transformando en una fría amistad por correspondencia y ella se casó finalmente, hacia
1873, con el señor H.P. Gad, escandinavo nacido en las Islas Vírgenes).
Entre tanto, continuó como cónsul en El Havre y desde fines de
1869 en Liverpool, escribiendo agudos artículos políticos y sociales, reunidos en sus
Ensayos de crítica social (Ruán, 1874). Nombrado secretario de Guerra y Marina, no
debió hacerle gracia que se le designara en ese Ministerio carente de importancia, y
prefirió esperar ocasión más propicia para volver a la patria, declinando el
nombramiento.
Otero Muñoz afirma que Núñez fue elegido senador desde 1873 por el
Estado de Bolívar, pero solamente desembarca en Cartagena el 2
de diciembre de 1874. Lo primero que hizo después de saludar a sus
familiares y abrazar a su madre, fue tomar
prestado un caballo pare dirigirse a case de Soledad Román en El
Cabrero.
Doña Soledad se acercaba ya a los 40 años y permanecía soltera. En su
retiro de Liverpool debió Núñez pensar que esa mujer distinguida, inteligente y fina, a quien había conocido y admirado en Cartagena
cuando era adolescente, podría convertirse en compañera ideal de sus años de madurez. Después de haberse decretado,
según las leyes vigentes, el divorcio de su primera esposa Dolores Gallego, Núñez contrajo matrimonio civil con doña
Soledad, el 14 de julio de 1877, encontrándose ella en París y mediante poder
otorgado por Núñez a su cuñado Eduardo Román pare que le representara en
la ceremonia. Este matrimonio se elevó a "categoría de sacramento" el 23 de
febrero de 1889, en presencia de Eugenio Biffi, obispo de Cartagena.
Entre tanto, un grupo de jóvenes radicales y liberales independientes,
cansados del ambiente cada vez más asfixiante que Murillo Toro había impuesto a su
gobierno y al de su sucesor Santiago Pérez, lanzó en 1875 la candidatura de
Núñez.
Rápidamente adquirió amplio respaldo nacional, especialmente entre los jóvenes y entre
los liberales del Cauca y de los tres estados de la Costa Atlántica. Pero Murillo Toro y
Pérez actuaron con rapidez y sectarismo: desconociendo la voluntad popular,
cambiando a través de golpes de estado los gobiernos favorables a Nuñez y presionando la
opinión de distintas maneras, lograron que el Congreso declarara electo a su
candidato Aquileo Parra, en febrero de 1876.
En cambio, el triunfo de Núñez en 1879 fue fácil. El pais experimentó
durante su periodo presidencial (1880 1882) una paz absoluta, que permitió a su gobierno adelantar una provechosa tarea administrativa,
con la creación del Banco Nacional, un tímido restablecimiento
de tarifas proteccionistas que estimularon el incipiente desarrollo
industrial, la iniciación de la construcción del
ferrocarril Bogotá Girardot y su impulso al panamericanismo y al
arbitraje como solución pacifica de conflictos
internacionales.
Núñez volvió al poder en 1884, con un ligero atraso por causas de
salud, que los radicales aprovecharon pare tratar de malear al encargado de la
Presidencia, general Ezequiel Hurtado. Al posesionarse, Núñez nombró ministros de
Gobierno sucesivamente a dos amigos radicales y ofreció reformar la desprestigiada
Constitución de 1863, de común acuerdo con los gólgotas, pero aquéllos juzgaron que eso era demasiado bello pare ser cierto.
Exaltados jóvenes radicales de Santander iniciaron la guerra de 188S, "la más
insensata de nuestras guerra civiles", y convencieron al prestigioso jefe
liberal Sergio Camargo pare que se pusiera al frente de ella. Núñez tomó entonces el
único camino que se dejaba abierto a su instinto de supervivencia política: llamó en su
apoyo al partido conservador, y con él venció a los radicales en el histórico
combate de La Humareda. Ante una enorme multitud Núñez, desde el balcón del palacio,
pronunció su famosa frase: "La Constitución de 1863 ya no existe". La
fundación del Partido Nacional fue la consecuencia lógica.
Núñez convocó de inmediato un reducido Consejo de Delegatarios,
integrado por nueve liberales independientes y nueve conservadores, nombrados por los Estados, ante los cuales pronunció el 11 de
noviembre de 1885 un célebre discurso. El Consejo de Delegatarios adoptó las bases
de la nueva Constitución, que recibieron el respaldo unánime de las
municipalidades. La Constitución de 1886 restableció la unidad política de la nación,
eliminó las principales causes del desasosiego y del desgobierno y dio comienzo a
la normalización de las relaciones con la Iglesia, perfeccionadas después por el
Concordato de 1887.
A
partir de 1892 gobernó Miguel A. Caro en su condición de
vicepresidente. El liberalismo independiente disminuyó casi hasta desaparecer, la división conservadora se ahondó
gravemente y el enfrentamiento con el radicalismo adquirió características
de singular dureza. Cuando Núñez se disponía a ocupar la Presidencia
por quinta vez, le sorprendió la muerte en Cartagena, el 18 de
septiembre de 1894.