CLACSO, elecciones y democracia deliberativa

Publicado el 09 de agosto del 2018

CLACSO elecciones y democracia deliberativa

CLACSO está en tiempo de elecciones. El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales está en trance de escoger a su Secretario Ejecutivo, el que reemplazará a Pablo Gentilli. El primer debate entre los candidatos lo propició el Doctorado en Estudios Sociales, por lo que la Universidad Distrital Francisco José de Caldas fungió como anfitrión en un evento originado en la sede de la Aduanilla de Paiba, con la participación de Karina Batthyany (Uruguay), Alejandro Grimson (Argentina), Luciano Concheiro (México) y Luis Bonilla-Molina (Venezuela); y que fue transmitido por CLACSO Tv, para los grupos y centros en América Latina.

En sus palabras de instalación, el rector Ricardo García Duarte, en una evocación de imaginarios griegos, puso de manifiesto el hecho de que en realidad los presentes nos hallábamos instalados en una suerte de ágora, a la vez virtual y transnacional, espacio de interlocución, en el que se exponen ideas, se escuchan y se procesan, a través de opiniones, juicios y sobre todo de argumentaciones y elaboraciones, acompañadas por la pretensión de que sean validadas por su respaldo en los hechos o por la fuerza lógica que le sirve de aliento; o finalmente por la capacidad de demostración que exhibe.

El factor que importaba para configurar ese espacio, esa ágora, más que la técnica informacional, era sobre todo la comunidad de sujetos, que piensan y que conscientemente se decantan por una discusión, a propósito de temas escogidos, y con las propuestas correspondientes, en función de una competencia que se desarrolla dentro de unas reglas establecidas de antemano.

Esa comunidad de sujetos, si es concebida en términos modernos, esto es, bajo una perspectiva roussionana, debe hacer pasar esa selección entre varios candidatos por el cedazo de la deliberación. Así pues, las votaciones han de hacerse en medio de una democracia deliberativa, en la que por cierto las argumentaciones y las proposiciones han de estar expuestas a los razonamientos contrapuestos y deben tener como referentes ineludibles los hechos, los datos y las cifras que proporcionen un soporte empírico.

Es eso lo que exige el universo de una comunicación democrática. Y lo que debe ofrecer el mundo universitario, algo que no podría ser anulado por factores perturbadores, extraños a la naturaleza misma del debate.