Contra el reclutamiento de niños: Esperanza en Movimiento

Publicado el 08/02/2018

Contra el reclutamiento de niños: Esperanza en Movimiento

Por: Ricardo García Duarte, Rector de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Hoy 8 de febrero, la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos, realizamos una jornada de reflexión sobre el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes para la guerra. El evento tuvo lugar en el auditorio de la Facultad de Artes ASAB, en el Palacio de la Merced, el cual estuvo colmado para la ocasión.

Hace apenas 15 días, en una toma que hicieron las fuerzas armadas de un campamento guerrillero del ELN, encontraron a una niña indígena. Pertenecía a una población empobrecida, implantada en una zona marginal. El caso se convertía en una radiografía dramática de ese fenómeno, a la vez detestable y desolador, el del reclutamiento infantil. La situación de pobreza y la condición de especial vulnerabilidad dibujaban de inmediato la posible relación de causalidad entre uno y otro problema; entre las condiciones económicas y sociales, de una parte; y el reclutamiento de niños, de la otra.

En efecto, un alto porcentaje de estos menores vienen de contextos caracterizados por la pobreza; sobre todo, en medio de estructuras de enorme desigualdad; aposentadas por cierto en territorios que han coincidido con las geografías del conflicto armado, allí donde han proliferado los actores violentos.

Esa desigualdad, acompañada por la fragmentación social, ha coincidido con una pobreza que clausura los horizontes del desarrollo personal; pero también con la afluencia de recursos económicos, provenientes de la coca o de la minería ilegal; y que alimentan la fuerza de los actores que utilizan la violencia, principales agentes del reclutamiento de menores, otra forma de movilización cruel de recursos, esta vez humanos, los cuales carecen de otras posibilidades para una existencia mínimamente digna.

Las cosas suceden como si estos fueran víctimas de una doble violencia: la estructural, de la que hablara Johan Galtung, por las condiciones de miseria; y la factual, por su participación en grupos armados, con todo el riesgo que esto comporta para su vida.

La violencia estructural se convierte muchas veces en el sofocamiento de una vida aceptable y en maltratos de todo tipo; lo cual llega a ser una forma de vida insufrible y una presión constante para escapar a esa manera de existencia. La otra violencia, la que es armada y dispone de una dimensión estratégica, obra al contrario como un elemento de captura, que atrapa o atrae al niño.

De esa manera, este último entra en una cadena de violencias, de la que difícilmente se libera. Frente a esa ominosa situación, hemos reflexionado hoy, en un evento que ha llevado por nombre, con cierto halo de futuro, “Esperanza en Movimiento”. Todo ello, en función de una sociedad más pacífica, más libre y desarrollada.